domingo, 18 de junio de 2017

La Luna

Había una vez un niño muy pequeño. Tan pequeño que cabía en la mano de cualquier persona. Ese niño cada noche, cuando ya todo era oscuridad y silencio y la ciudad dormía, salía, se sentaba en la arena y observaba a la luna. 
La luna no siempre aparecía, ni se veía igual. Había noches que brillaba y se hacía notar. En cambio, otras veces dejaba la noche muy oscura, a más no poder. 
Un día, se percató del poder que tenía ella sobre él: lo relajaba o lo alteraba. Fue entonces cuando dijo:
- Eres el amor tóxico perfecto; cuando más grande estás, más te deseo, pero más daño me haces. Cuando no estás, mejor me siento, pero te extraño.

La luna, así como influye a la marea, también nos influye a nosotros.